El tiempo en ruinas

Publicado en Ítsmica Número 32 • Julio-diciembre 2023
Recibido: 25/07/22 • Corregido: 14/11/22 • Aceptado: 13/12/22

Este es un ensayo fotográfico que, ante el deterioro del fondo habitacional de Centro Habana, Cuba, se pretende construir un archivo tipológico de las decoraciones con azulejos o baldosas hidráulicas vidriadas, aún visibles en algunas edificaciones, mediante la fotografía documental, para preservar lo que alguna vez fuera parte de la vida cotidiana de residentes y transeúntes, y que ha sido reconocido por los especialistas como parte del patrimonio de la ciudad.

Yo nací en la misma casa en la que aún vivo. En estos cuarenta años, he podido conocer mi barrio y encontrar en él un lugar de reconocimiento. Soy de los pocos cuya familia ya estaba aquí a finales de la década de 1930, y es a través de la historia oral contada por mis abuelos y mis padres, que he podido encontrar los cambios que, casi por un siglo, han modificado no solo el tejido urbano, sino el social.

La Habana es una ciudad-capital dividida en municipios, de los 15 que la componen, el más pequeño pero el más densamente poblado y con mayor ocupación de la parcela por edificaciones (hasta un 85%) es Centro Habana. Desde su construcción, condensa cientos de miles de habitantes en unos pocos kilómetros cuadrados. Desde la esquina de Galiano y San Rafael, que en la primera mitad del siglo XX albergó las cuatro tiendas más importantes de la ciudad: El Encanto, Fin de Siglo, Flogar y Woolworth (en Cuba conocida como Tencent) se irradia un conjunto de vías comerciales que abarca las calles Galiano y San Rafael, se completa con Neptuno, Reina y Monte de este a oeste y Prado, Belascoaín e Infanta de norte a sur. Centro Habana es extramuros, la ciudad histórica tiene su borde en el actual paseo del prado continuado en la calle Egido.

No obstante, hacia 1890, la zona que se extiende hasta la calle Infanta, límite oeste del actual municipio Centro Habana, aparece reconocida como parte de la ciudad. Pero no es hasta el siglo XX que se comienza a caracterizar el actual municipio de Centro Habana. Con una cuadrícula más o menos homogénea, solo fracturada en la zona de la calle Zanja, ya que esta sigue la ruta irregular del primer acueducto construido por europeos en América ‒inaugurado en 1592‒ y por la calle Monte con un sentido inclinado que la hace bordear el barrio de Los Sitios. El malecón, en el límite norte de Centro Habana, forma parte del perfil de la ciudad, que, a manera de postal, ofrece al visitante, mientras que hacia el sur el municipio se convierte más en el del cubano de a pie.

Un municipio con una rica historia política, económica y cultural, con asentamientos de inmigrantes chinos, aun hoy es en el barrio chino donde se come la mejor comida italiana, y de descendientes de africanos, que tienen su énfasis en el callejón de Hammel; es en este municipio donde tuvieron residencia permanente grandes de la cultura cubana, desde Gonzalo Roig hasta José Lezama Lima.

El principal elemento constructivo será la calzada porticada, la cual cumple disímiles funciones, desde garantizar la sombra y la protección de la lluvia hasta facilitar la entrada de los transeúntes a las tiendas. Las calzadas o avenidas separan los barrios que, a su interior, se configuran con edificaciones residenciales, aunque el comercio de esquina es característico. Al interior de los barrios lo que destaca es la tipología, sin poner énfasis en ningún edificio particular, son las variaciones sobre el tema de vivienda las que permiten establecer la característica principal, desde edificios del primer cuarto de siglo, de dos viviendas, una en planta baja con un patio y la segunda en la primera planta con un pasillo que bordea las habitaciones, con una configuración de sala, habitaciones, pasillo y patio para terminar en comedor y cocina en el fondo, con fachadas que van desde el art nouveau, el eclecticismo, hasta edificios de apartamentos de una habitación en pasillos abiertos de estilo art déco o moderno, es esta diversidad lo que le otorga su actual valor.

Sus construcciones de dos o más niveles, con comercios en la planta baja y vivienda en los pisos superiores, ya fuese esta una sola propiedad o un edificio de apartamentos. Una estructura que propicia que la mayor parte de las entradas a los domicilios sea a través de escaleras con una puerta a la calle, con algunas excepciones en construcciones de finales del siglo XIX o principios del XX, que tienen la estructura de casa colonial de un solo nivel, con gran entrada y patio interior y que en una primera reconversión fueron destinadas a alquiler, donde los inquilinos compartían un patio interior, baño y área de cocina y lavado.

Sin embargo, la más común entre las tipologías, independiente del estilo o los materiales constructivos, es la de edificios de apartamentos de dos niveles. En los últimos años y como resultado del abandono y la decadencia, muchas de estas edificaciones se han visto transformadas, aquellas de una sola planta con servicios comunes han cambiado en los últimos decenios, y se han incorporado a las habitaciones los servicios, ya como “apartamentos” con propietarios independientes y sin estructuras sociales responsables por las áreas comunes, estas quedan a merced del deterioro, la improvisación y la falta de recursos.

En el caso de los edificios, la violación constante e impune de las regulaciones constructivas, la reconversión arbitraria de locales comerciales en vivienda, la proliferación de la “barbacoa”, nivel intermedio ejecutado primero con materiales ligeros y luego con hormigón armado que divide a manera de entresuelo las construcciones y que, en algunos casos, se proyecta hacia la fachada en forma de mini-balcón, ha minado la riqueza constructiva del municipio al modificar no solo los interiores, sino las fachadas, en muchos casos de manera casi irreversible. Sin embargo, es notable la existencia, tanto en las entradas como en las escaleras que conducen a los pisos superiores de apartamentos o casas, de decoraciones con azulejos o baldosas hidráulicas vidriadas. Aunque los estilos arquitectónicos se mueven entre lo ecléctico, neocolonial y moderno, es curiosa la diversidad de los patrones decorativos en estos azulejos, que desde el rodapié hasta la cenefa hacen gala de combinaciones cromáticas. Desde lo floral hasta lo geométrico, desde lo figurativo hasta lo abstracto.

Su riqueza visual evidencia la diversidad de diseños y manufacturas. En la mayoría de los casos, la vivienda no presenta rasgos distintivos de las demás en la cuadra, a excepción los azulejos colocados en la pared opuesta al pasamanos. Si nos dejamos llevar por la información relativa a otros elementos constructivos o materiales de la construcción, podemos deducir que la mayoría de estas baldosas son de producción nacional; no obstante, los talleres, diseñadores y artesanos que las generaron ya desaparecieron, probablemente queden algunos registros en los archivos municipales, provinciales o nacionales, pero el objetivo de este ensayo fotográfico es presentar una documentación lo más exhaustiva posible de las tipologías de diseño y la riqueza cromática, así como la excelencia técnica en el acabado, ya que esto es lo que está en precario, debido al lamentable estado de conservación de estos inmuebles, los que de conjunto representan el desarrollo de una nación a medida que avanzaba el siglo XX, pero de manera individual tienen poco o ningún valor patrimonial.

Esta presentación pretende documentar, ante el deterioro del fondo habitacional de Centro Habana, en la ciudad de La Habana, la riqueza visual de estas entradas, prontas a desaparecer engullidas por una autofagia, cuyas causas, entre otras, están en el limitado acceso a los recursos por parte de los pobladores, la ausencia de acciones que pongan en vigor las diversas estrategias planteadas por especialistas y la improvisación y desidia con la que nuevos pobladores enfrentan la reconversión de espacios comerciales en viviendas. En ese contexto, es mediante la fotografía documental que se construye un archivo tipológico como única manera de preservar lo que alguna vez fuera parte de la vida cotidiana de los transeúntes, y que ha sido reconocido por los especialistas como parte del patrimonio construido, de lo que fuera, durante casi medio siglo el corazón vibrante de la vida cultural, económica e intelectual de la capital cubana.

Con imágenes capturadas a través de un teléfono, lo que pudiera ser un ejercicio de fotografía artística, vista la composición de la imagen y la luz en el contraste entre los materiales que dignifica la decadencia y el abandono, deja de serlo, pues el registro es absolutamente documental, geolocalizable y perfectamente clasificable dentro de un archivo, probablemente un próximo paso, también asociado a la reconstrucción digital de los patrones ya perdidos entre los fabricantes de estos azulejos. Si bien en la realidad el rescate de estos elementos queda subordinado a las necesidades más urgentes, su conservación, al menos a través de la fotografía, nos ayudará a reconstruir la historia común de los pobladores de este barrio, emprendedores, comerciantes, intelectuales, artistas, el tipo de comunidad a la que aspiramos como sociedad.

Referencias bibliográficas

Carpentier, Alejo. La Ciudad de las Columnas. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.
Mañach, Jorge. Estampas de San Cristóbal. Editorial Minerva, La Habana, 1927.
Noever, Peter et al. Proyecto Habana, arquitectura otra vez. Prestel, Viena, 1999.
Plan Maestro de La Habana, URL: http://www.planmaestro.ohc.cu/
Rey, Gina et al. Centro Habana, un futuro sustentable. Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana, 2009.

Articulo publicado en Ítsmica