Publicado el 26.05.2023 en Noticias de Arte Cubano
En Alemania los domingos con buen tiempo se sale a caminar; pero los días nublados o con amenaza de lluvia se va al museo. Por lo que un domingo de mayo con amenaza de lluvia es un día perfecto para recorrer los 200 kilómetros que separan Dessau de Hannover. Matthias y yo emprendimos el recorrido temprano y ante la posibilidad de huelga por los trabajadores de la compañía ferroviaria, escogimos la carretera.
En poco más de dos horas llegamos a nuestro primer destino, el Museo Bauhaus de Dessau. El edificio corresponde al proyecto ganador de un concurso finalizado en 2015. Bajo la firma del estudio barcelonés Addenda Architects se proyecta un edificio dentro de otro: una estructura de acero recubierta por una fachada continua de cristal de dos niveles, a la entrada una planta abierta, multifuncional y flexible para acomodar las necesidades de exposiciones temporales y en el primer piso una “caja negra” que contiene la exhibición permanente.
Dentro de las acciones por la celebración del centenario de la escuela se lanzó la BauhausCard, la cual permite el acceso a los nueve sitios que componen la historia de la escuela en Alemania. Así que lo primero es obtener una y… ¡oh sorpresa!, con la compra de la BauhausCard te regalan una bolsa conmemorativa.
La exposición en el museo se divide en tres salas: La Bauhaus como experimento, donde se delinean el pensamiento y las teorías de la práctica que veremos después en la sala titulada La fábrica como horizonte para terminar con una muestra de la colección, dedicada a las ramificaciones de la escuela más allá de Alemania —durante la segunda guerra mundial mchos profesores y alumnos emigran a Estados Unidos—, y de la segunda postguerra —cuando otras escuelas alemanas y extranjeras rescatan los principios enunciados por la escuela.



En La Bauhaus como experimento nos acercamos al pensamiento de las figuras más influyentes de la escuela. Y qué sorpresa al reconocerme en una cita de Hannes Meyer de 1926:
En el escaparate de hoy en día, la tensión entre los materiales modernos con la ayuda de la iluminación es un capital psicológico. Es organización de escaparate más que escaparatismo. Apela al sentido altamente diferenciado de los materiales en el hombre moderno y cubre toda la gama de su poder expresivo: Fortissimo = zapatillas de tenis a puros habanos, a jabón de fregar, ¡a chocolate con nueces! Mezzoforte = vidrio (como botella), madera (como embalaje), cartón (como embalaje) y hojalata (como lata).
Además del orgullo patrio, las palabras de Meyer nos permiten dilucidar uno de los principios que guían la filosofía Bauhaus en su época en Dessau, la integración profunda con la industria y el uso honesto de los materiales, a partir del respeto por sus propiedades técnicas y sus cualidades sensoriales y estéticas. La sala central del museo se articula sobre cada una de las aristas productivas, desde el urbanismo hasta el objeto doméstico, y nos presenta de manera exhaustiva la producción que emerge de los talleres de la mano de alumnos y estudiantes durante los años de Dessau (1925-1932). En su mayoría, los objetos presentados son prototipos y la mayor parte de los documentos se muestran en el original. Tres áreas denominadas Intermezzo aparecen dedicadas a proyectos temporales en los que se reflexiona sobre el impacto contemporáneo del pensamiento y acción de esta influyente escuela.
El recorrido por la sala no está determinado por la museografía, ya que el espacio central permanece abierto y se puede atravesar en cada momento, el visitante puede detenerse a examinar los tapices y el mobiliario, así como revisar minuciosamente los numerosos planos y dibujos, algunos en sus versiones facsimilares junto a objetos reconstruidos con un propósito interactivo y didáctico. La última sala presenta la expansión del pensamiento de la Bauhaus a partir de las experiencias que profesores y alumnos transmitieron a lo largo de los años en otras escuelas, en conferencias y eventos, así como en su práctica profesional. Un gigantesco gráfico muestra la compleja y elaborada red de relaciones que se desprende del tiempo pasado en esta institución. El centro de la sala está dedicado a los numerosos objetos diseñados, entre otros, por Wilhelm Wagenfeld, Marianne Brandt y Marcel Breuer que aún hoy se producen y comercializan por diferentes fabricantes. Una última sección nos ofrece parte del archivo en el formato de postales coleccionables. Bajo el slogan, “Hágase su propia colección”, estas postales se ofrecen al visitante y comprenden ejemplos de todos los talleres, así como del trabajo de alumnos y profesores. Por tal motivo, salimos del museo con nuestra propia colección de recuerdos.Balcones de la residencia estudiantil de la Staatliches Bauhaus, arquitecto Walter Gropius 1925-1926, Dessau, Alemania.
Ya afuera, el día que había empezado gris y con amenaza de lluvia se había despejado en una agradable tarde de primavera. El siguiente paso en la visita fue el campus de la universidad, donde se encuentra el arquetípico edificio diseñado por Walter Gropius, a la entrada la palabra Bauhaus en una variación de la Universal, tipografía diseñada por Herbert Bayer en 1925 que refleja en sus rasgos formales los principios de síntesis geométrica y universalidad esgrimidos por la escuela y que fueron rápidamente transferidos al diseño de comunicación. Justo a la entrada, bajando las escaleras, hicimos una pausa en la cafetería, que, si bien no es la misma que en la década de 1920, para nosotros fue como salir de una clase para merendar. Ordenamos algo sencillo y nos fuimos para aprovechar el calor de la tarde al aire libre. Una vez de vuelta en el edificio, alcanzamos el segundo piso y nos sorprendió desde el interior la fachada acristalada que hace al edificio absolutamente transparente con luz que penetra generosamente en los talleres de planta abierta. El edificio no es museo, forma parte del actual campus universitario y solo se pueden visitar algunos pocos espacios, pero suficientes para imaginarse a Wassilly Kandinsky, Gunta Stölzl, Paul Klee, Marianne Brandt, o Walter Gropius caminando por los pasillos o cruzándose en las escaleras que reconocemos de las pinturas de Oskar Schlemmer. Un salón expositivo aparece dedicado a la restauración y mantenimiento de la fachada acristalada, que a cien años de su concepción sigue siendo un reto de la ingeniería. Subimos y bajamos por las escaleras, caminamos por los pasillos y casi a la salida vimos el famoso teatro donde se estrenó el Ballet triádico. Afuera de nuevo, caminamos por el campus hasta alcanzar nuestra tercera parada: las casas de los maestros, Meisterhäuser, diseñadas por Walter Gropius y que funcionan como arquetipos de la vivienda racionalista moderna. Si bien algunos elementos de diseño son comunes, cada una tiene una personalidad propia, la superposición de volúmenes que se aprecia desde el exterior, así como la colocación de las ventanas tienen un impacto decisivo en la percepción del espacio interior, que en todas aprovecha los cambios de escala y la relación exterior-interior, ya sea a través de terrazas, balcones o pasarelas.



Rodeadas de árboles, la parcela donde se ubican nos presenta una alternativa al espacio residencial tradicional. Sin lujos, ni excesos, las casas de los maestros resaltan por la funcionalidad, la comodidad y la fluidez entre los espacios, así como por su integración con el contexto que las envuelve. De regreso logramos reconocer que todos los comercios guardan alguna relación con la Bauhaus, desde las barberías hasta las tiendas de regalos. Matthias me hizo notar alguna que otra curiosidad lingüística sobre los nombres de los establecimientos. ¡Están todos dentro de la Bauhaus! Y yo pienso que, en Cuba, en este mismo mes de mayo, el Centro Wifredo Lam también está en la Bauhaus –am Bauhaus. Más allá del atractivo que tiene para un diseñador, la escuela fue un modelo de civilidad, de inclusión, de experimentación creativa y social; esos son sus verdaderos principios universales. La tarde terminó sentados en uno de los bancos frente a la entrada del campus, ya no hay nadie en la calle, solo nosotros y unos turistas japoneses en la distancia.

